PRESENTACIÓN
HISTORIA POLITICA DEL URUGUAY 1930-1950
SU RELACION CON : ARGENTINA Y BRASIL.
PRESENTACION.
Con este CD ofrezco digitalizada una información política orgánica y organizada de un período importante, 1930-1950, de la historia política del Uruguay (del último año de la Presidencia de D. Juan Campisteguy al penúltimo de la de D. Luis Batlle Berres ) y su relación con Argentina y de Brasil en el mismo período.
En estos países limítrofes surgen dos figuras políticas dominantes: el Gral. Juan Domingo Perón y al Dr. Getulio Vargas, que ocupan el marco histórico regional por su innegable orientación social y la obra llevada a cabo.
A ambos por la relevancia de sus gobiernos ,los cambios sociales que
afirmaron su prestigio en sus respectivos pueblos, les dedicamos preferentemente apoyos temáticos INTEGRADORES referidos a su actuación en múltiples aspectos que los diferenciaron de sus antecesores.
Siguiendo la línea trazada hace algunos años, de difundir sin costo y en forma extensiva temas histórico-regionales , este CD está dedicado particularmente a quienes por razones de ejercicio de la docencia , investigación o estudios personales se interesen en el período de la historia ente 1930 y 1950.
Como sistema ya probado por su eficacia según mi experiencia por la repercusión internacional que tuvo la Cronología Documentada
1527-2000, publicada en New York en octubre de 2000 por Norman A. Ross Inc.en 9.v, con un total de 4.500 p, (hoy actualizada en CD a 2009, bajar de www.cx4radiorural.com), en el caso concreto de Argentina y del Brasil , acompañamos con notas ampliatorias la presentación general, sea como biografías de personajes, breve historia de partidos políticos, textos de leyes, decretos, documentos trascendentes y hasta decisorios (ej. En Argentina, elección de febrero de 1946 la publicación del Libro Azul por el Departamento de Estado de EEUU y el Libro Azul y Blanco por el Cnel. Perón), para el futuro político de un país.
De la misma forma tratamos a Getúlio Vargas y “O Estado Novo”, su
vinculación con las corrientes políticas populistas y el ocaso de su dictadura.
Derrocado por el Gral. Dutra en 1945 quien asumirá la Presidencia en 1946 hasta su retorno a la Presidencia en 1950, al triunfar contra la candidatura del Gral. Gómez..
Todas las piezas que me sirven de probanza en ambos casos se ajustan al texto descriptivo tal como es de recibo en muchas universidades americanas, brasileñas. argentinas, chilenas, mexicanas con quienes mantengo permanente intercambio así como en España (Salamanca, San Pablo y Complutense de Madrid, Cádiz) que exigen al coordinador seleccionar cuidadosamente todo lo que se incluya en cada CD , sino que asuma la obligación de proceder a un correcto uso de los acreditados servidores de internet ( reconocidos internacionalmente,) y siempre mencionando su fuente en forma precisa de tal forma que el lector pueda verificar la validez de la cita bibliográfica.
Como se sabe, la función de documentalista- coordinador, (que junto con otros colegas iberoamericanos asumí desde 2003 a partir de mis trabajos para el Nuçleo de Documentaçao Histórica da Universidade de Passo Fundo, RS, Brasil ) es respetada en los ámbitos universitarios internacionales donde se mantiene el apego a ofrecer material confiable
sin comentarios personales.
Esto no significa cerrar el paso a quienes optan por interpretar los hechos
Históricos de acuerdo a su saber y entender , por el contrario se les respeta pero se advierte que “toda interpretación es por su cuenta y riesgo”, aún cuando se invoque (como slogan) que les asiste el legítimo derecho al ejercicio de la libertad de cátedra..
Volviendo al tema recuerdo que el tipo de trabajo del profesional-documentalista exige primeramente tener autoridad reconocida por los colegas y avalada por sus sólidas conexiones con institutos locales y extranjeros que le aportan permanentemente (hay un pacto de reciprocidad no escrito pero aceptado) apoyo ante la información requerida.
El plan definitivo comprende partes perfectamente articuladas entre si tal como se citan en el Sumario.
Para Uruguay se inicia con una Cronología Histórica Documentada 1930-1950 que contiene probada y suficiente información básica. y sigue con apoyos temáticos basados en documentos de total confiabilidad.
Pero por entender que tradicionalmente la República Oriental del Uruguay , desde su origen (1830) estuvo ligado a la región en el triple plano político, militar y diplomático (siguiendo la tradición colonial como Banda Oriental con Portugal y con las de las Jornadas de Mayo de 1810 con Argentina , la Cisplatina a partir de la Independencia de Brasil en 1822) es que opté por seleccionar fragmentos que prueben esta permanente relación, en este caso dentro del marco temporal elegido y respetado: 1930-1950.
Siguiendo normas estrictas vigentes , en todos los casos, los apoyos elegidos y citados , se rigen por el principio de afinidades temáticas .
Al respecto consideramos necesario que el lector, para una total comprensión del sistema, lea y tome en cuenta lo que afirmo en Advertencia al Documentario, antes de entrar en el “corpus”. .
En el caso de Argentina la hipertrofia que sufrió (aún hoy persiste) la información histórica, crítica y política que rodeó la fuerte personalidad del Gral. Juan Domingo Perón y su movimiento , me exigió una rigurosísima calificación de la misma, para realmente ser útil al lector y no abrumarlo con notas secundarias.
Caso semejante se me presentó en Brasil, en todo lo referente al peso político de Getúlio Vargas y su acción como dictador, presidente electo por la Asamblea y por último por el voto directo de los ciudadanos, el rumbo que imprimió a la economía, su vinculación con las fuerzas armadas y luego con los sindicatos obreros, también necesita, como arriba citamos, una depuración sin piedad.
Creo haber salido con éxito de esa tan difícil como delicada función de “selector” tal como lo prueba el contenido de cada apoyo.
Para finalizar insisto : la única razón de este proyecto concretada en tres CD Uruguay,Argentina, Brasil 1930*1950. que prestigiado por la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, presidida por el C/N (R) D. Francisco Valiñas , será presentado en una sesión pública en este año.
A los interesados advertimos que se puede bajar sin cargo: www.cx4radiorural.com.
Dr. Walter Rela
Montevideo, abril 2010..
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Alfredo BALDOMIR
19 de junio de 1938
Señor Presidente: agradezco con profunda emoción vuestras tan amables expresiones, seguro anticipo de una fecunda y estrecha colaboración entre el Poder Ejecutivo y el Parlamento.
Confío desde ya en el fértil provecho de esa labor común, que se ha de desenvolver al amparo de la ley y bajo la tutela del signo de la Patria. Todos hemos contraído una seria y honrosa deuda con la opinión pública, para cuya satisfacción ni debemos conocer desfallecimientos no pesimismos.
Yo espero, señor Presidente, que este Parlamento no me ha de escatimar su noble concurso, ya que cuando se lo solicite ha de ser para afianzar la prosperidad nacional, o para abrir nuevos horizontes al progreso del país.
Pienso que todos estamos animados por el mismo afán superior de servir a la República, de fortalecer sus instituciones y de gobernar en la paz por la felicidad de todos sus habitantes.
He llegado a la Presidencia de la República predicando sinceramente mis idea y conceptos en materia de gobierno.
Ante el pueblo he desnudado en absoluto mis principios y sentimientos, y al haber aquél compartido y apoyado mis conceptos, me siento íntimamente obligado a no defraudarle en sus esperanzas.
Para poder gobernar sin sembrar decepciones; para desde el poder no contrariar a mis conciudadanos, es imprescindible que este Parlamento me brinde generosamente su cooperación, sin distinción de personas ni de credos políticos. En la obra que se avecina todos seremos solamente uruguayos, que han de considerar a la República como un patrimonio sagrado confiado a su custodia.
He dicho, y me reafirmo, que gobernaré con mi partido pero para mi patria.
He proclamado, y me reitero, que sólo serán mis adversarios los individuos o grupos que conspiren contra los intereses nacionales. Que en todo seré impersonal, y que he de guiar mis pasos por los reclamos de la soberanía. Seguro estoy que este Parlamento me acompañará en mis propósitos y que sin discrepancia labraremos la felicidad colectiva.
Hago votos, señor Presidente, para que esta armonía cristalice de modo fácil y permanente, para que de ella surja un período de paz, progreso y abundancia para toda la República.

Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo. |
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Gabriel TERRA
25 de agosto de 1933
En el mensaje que el Poder Ejecutivo ha dirigido a esta Asamblea, y cuya lectura convendría suprimir en este acto inaugural, por su gran extensión, se encuentra relatada la historia verdadera de la revolución de Marzo, de los factores que la generaron y le dieron el triunfo. Califico de revolución y no de "golpe de Estado" al acontecimiento del 31 de Marzo, porque no lo produjo la voluntad de un hombre ni de un Poder en lucha contra otros Poderes ante la resistencia, en el problema de la reforma constitucional, de consultar al pueblo, que es soberano.
Fue el mandato imperativo de la inmensa mayoría del país en el ejercicio de un derecho primordial mayoría representada por los grandes partidos tradicionales en sus distintas fracciones; las tres cuartas partes del batllismo, los riveristas, tradicionales, radicales, y los herreristas, que son la numerosa representación del Partido Nacionalista.
Los que no actuaban en política, - las clases productoras, ganaderos, comerciantes, industriales,- clamaban por un cambio de situación.
Casi la mitad de la Asamblea derrocada estaba en las filas revolucionarias y del Consejo Nacional, también disuelto, los miembros elegidos últimamente, doctores Espalter y Puyol, fueron principales actores en los sucesos.
Aceptaré en toda época ante mis contemporáneos y ante la historia, la responsabilidad exclusiva, si se quiere, de la jornada redentora pero el honor que ella refleja, no me pertenece sino en pequeña parte, porque fueron los factores decisivos los ciudadanos de todos los partidos colaboradores entusiastas que nos llevaron mas tarde al triunfo electoral del 25 de Junio, triunfo electoral que generó esta Constituyente con todos los prestigios de la consagración popular.
Fueron factores, también decisivos, el Ejército, la Armada y la policía obedientes a los sentimientos y solidarizados en absoluto con las aspiraciones del pueblo.
Es hora que constatemos que no hemos abusado del poder extraordinario conferido por los acontecimientos, que los prescritos por la revolución han sido respetados en todos sus derechos y libertades y si hubo que detener a unos pocos y alejar del país a media docena, se procedió con toda consideración personal y con la mayor mesura en defensa del orden que tenemos el deber de sostener y siempre después de haber adquirido el convencimiento de que en esa forma evitábamos mayores males a la República.
Es digna de respecto la fidelidad o la consecuencia con una causa, por equivocada que ella sea, pero hay la obligación patriótica de no perdurar en actitudes rebeldes o revolucionarias cuando resultan absurdas y pueden dar lugar a la violencia o al sacrificio estéril de la represalia, que hasta ahora hemos podido evitar.
Entre nuestros adversarios los hay los más intransigentes, los menos respetables, los heridos en sus intereses subalternos; las hay víctimas del error en la apreciación del caos que arrastraba al país al borde del abismo, los hay que obedecieron a una mal entendida consecuencia personal por favores recibidos y en todos se mantiene la pasión del orgullo y del amor propio, afectado al verse desalojados de las posiciones de Gobierno, sin encontrar una sola manifestación de simpatía en el pueblo, que cansado de promesas falaces repudiaba la oligarquía dominante considerándola abusiva y usurpadora.
Y esa oligarquía, hoy todavía disminuida en el número de sus componentes, no quiere ir a las urnas por una sola causa verdadera: el temor a la falta del apoyo popular.
Y se sueña con atentados personales a base de dinamita, y se sigue la táctica de hacer todo lo posible para que en un disturbio callejero la fuerza pública mate un estudiante o una mujer para explotar después ese crimen premeditado como bandera de protesta que favorezca la restauración de un pasado que no volverá jamas.
No era propio de nuestra altivez ser gobernados en forma hereditaria y continuar soportando una verdadera tiranía ejercida por un órgano de publicidad que había adquirido por distintas circunstancias, una avasalladora influencia en el partido del poder.
Y cuando tal régimen cayó, el pueblo tuvo la sensación de alivio, y surgió la esperanza de que se inauguraba una nueva época, realmente democrática; que se acababan los abusos del proselitismo y los excesos de la demagogia, que iban a imperar en adelante la verdad y la justicia, con la derrota de los que las profanaban en nombre de la libertad y ejercían un dominio absolutista en casi toda la Administración, por causas accidentales, ajenas a sus propios medios.
Los simplemente equivocados, los leales, los honestos, no deberían confundirse en la adversidad con los políticos profesionales de la decadencia, exponentes de una democracia en vías de degenerarse, estrechos de mentalidad y faltos de espíritu de sacrificio, sin derecho a quejarse de su suerte.
Los primeros pueden ser útiles en la tarea de la reconstrucción nacional y estos últimos deben, en su carácter de indeseables continuar en la oposición no confundiéndose de esa manera tales elementos heterogéneos, so pretexto de defender una legalidad que no existía y una Constitución que proclamaba que la República jamás sería patrimonio de persona ni de familia alguna.
Si me hubiera faltado decisión para barrer tanta inconsciencia, tengo el convencimiento de que me hubiera muerto de dolor por haber perdido la oportunidad de prestar un gran servicio a la República.
Bien a mi pesar han caído envueltos por la avalancha revolucionaria muchos amigos y hasta personas vinculadas a mi familia; pero sobre los afectos personales, por profundos que ellos sean, están los supremos intereses de la Nación.
Los hombres de la revolución tenemos un sagrado deber que cumplir; hacer cuanto antes la reforma y poner en práctica las nuevas instituciones, que serán armónicas con la dignidad nacional y los adelantos del país, al que salvaremos de los excesos de la anarquía, y estos nuevos instituciones continuarán en el tiempo la obra de este Gobierno Provisional, que entregará el Poder a los nuevos mandatarios después de combatir la miseria y la desocupación con todos los medios a su alcance.
Debo declarar, con toda franqueza, que solo aspiro a dejar la Presidencia, si es posible en un ambiente de concordia nacional y sino fuera sí, que sea mi sucesor el que lleve la tranquilidad a los espíritus. Pero, entiéndase bien: mi sucesor elegido entre los hombres de la revolución porque, de otra manera, claudicaríamos o apareceríamos poniendo puntales a una situación que no sabe de temblores, porque tiene sólidos e inconmovibles cimientos en la conciencia nacional.
Hasta que este Honorable Cuerpo no haya terminado su labor, hasta que de sus deliberaciones no surja la nueva Carta Fundamental que todos esperamos, hasta que no ofrezca a la ansiedad pública la seguridad orgánica de que las instituciones se restablecerán sobre bases que signifiquen rapidez, eficiencia y fuerza homogénea en la gestión de Gobierno, no podrá decirse que nuestra causa ha obtenido la plenaria coronación de sus aspiraciones ni habrá vuelto a alcanzar la República la senda de su perdida prosperidad.
Yo confío plenamente en vosotros. Os sé compenetrados de la gravedad y trascendencia del momento histórico que vivimos y fácil es percibir en vuestro seno el mismo impulso latente que originó, la revolución que salvo los principios capitales de nuestra democracia abriendo ancho cause a la expresión de la soberanía popular.
Tenéis una grande y hermosa misión que cumplir. Vuestro cometido está colocado por sobre las banderías y las pasiones personales, y el sentimiento patriótico debe primar sobre todas las otras fuerzas en juego iluminada nuestra visión, alta la frente y aligerado el pensamiento en la lucha por el bien.
Debéis vincularos a esta jornada trascendente de la existencia del Estado. trabajando con el mismo férreo empeño que dio fibra al sacrificio de nuestros libertadores, ya que se logrará con la pronta y atinada terminación de vuestras tareas constituyentes.
Sé que en esta oportunidad no se defraudarán las esperanzas de la Nación, y seréis doblemente acreedores al reconocimiento general si, dentro del primer año subsiguiente al 31 de Marzo pasado, se han franqueado felizmente todos los planos necesarios para regresar a la normalidad en la Tercera República.

Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo. |
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Juan CAMPISTEGUY
1º de marzo de 1927
El día 20 de Noviembre de 1916, ejerciendo el cargo de Presidente de Asamblea Constituyente, al inaugurar solemnemente sus sesiones ordinarias, pronuncié el siguiente párrafo que reproduzco fielmente por considerarlo de oportuna recordación: "Al reconocer que nuestra educación política desenvuelta en un medio inadecuado, ha sido accidentada y difícil, agregaremos en homenaje a la verdad y a la acción propulsora de nuestro pueblo, que no hemos quedado rezagados en la evolución que han seguido los demás países americanos".
Si en aquel acto solemne hice esta afirmación fundamentándola en un breve retrospecto político y comparativo, hoy después de transcurridos un poco más de diez años, durante cuyo lapso de tiempo se han efectuado tres elecciones directas de Consejeros y dos de Presidente, hoy, digo, he quedado convencido que esas pruebas colocan a la República en las líneas avanzadas de la democracia en donde figuran los países más civilizados en las prácticas políticas, sin que la crítica más rigurosa sea capaz de hacerle perder la posición que ha conquistado.
Esta opinión que podría ser sospechada de parcialidad por formar parte el que habla del partido que ha ejercido el Poder Ejecutivo, que es la autoridad encargada de garantir la efectividad de los derechos cívicos, puede ser robustecida por la mención de las declaraciones aparecidas en algunos diarios que militan en las filas del partido adversario, al juzgar que las elecciones realizadas en Noviembre del año pasado, constituyen actos electorales verdaderamente democráticos e impecables.
La senda que esta honrosa situación nos impone seguir, está bien definida.
No cabe duda que en estos últimos cuatro años la República ha pasado por días de agitación intensa y de verdadera ansiedad, pues después de haber obtenido hace dos años el partido nacionalista un triunfo en la integración del Consejo Nacional, en la última elección de Noviembre del año próximo pasado el pueblo ha vivido durante algunos días en la incertidumbre, moviéndose a impulsos de datos contradictorios, que eran constantemente rectificados, sin que esa disposición de ánimo y la divergencia de pareceres que era su consecuencia, haya provocado disturbios o conflictos de significación.
La circunstancia de que en esta última elección los partidos se hayan atribuido la comisión de fraudes electorales, me proporciona la oportunidad de emitir mi opinión, fundada en una larga experiencia política, de que es a los hombres dirigentes a quienes les corresponde consolidar la honrosa posición adquirida por la República en las contiendas del sufragio, que nos exigen ante propios y extraños, como un pueblo capacitado para resolver sus destinos de acuerdo con la única ley que los hombres han forjado para vivir en paz, que es la ley de la soberanía con su acción de atraer el concurso de todos los intereses y de todas las aspiraciones.
A los hombres que repudian el régimen democrático, alegando que su ejercicio rebaja la dignidad de las funciones superiores y exalta la mediocridad verbalista, se les puede contestar con las palabras de un ilustrado profesor de Derecho, de la Universidad de Buenos Aires. "La acción democrática en el escenario político del mundo, aparece como un régimen concomitante con los más altos estados de cultura, -y dentro de la más amplia libertad de discusión y acción que esencialmente supone, el talento, la ciencia y la virtud ejercen la gravitación de las fuerzas naturales". Pero vuelvo a repetir, no se llegará a esta altura en el ejercicio de la acción democrática, si no se cuenta con el concurso decidido y honesto de los dirigentes de la política. Fuera de las actividades cívicas, los progresos realizados en nuestra patria han seguido la misma trayectoria, pero quizá más rápidamente.
La libertad de reunión, el derecho de asociación, la libertad de pensamiento y el derecho de emitir opiniones que es su consecuencia, la libertad individual, la seguridad personal, la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, el derecho de locomoción, etc, son todos atributos de la personalidad humana, no sólo consagrados en la ley, sino también profundamente arraigados en nuestras costumbres. La paz está tan cimentada con la práctica sincera de las instrucciones, que a nadie se le ocurre alterarla, habiéndose puesto un broche a la sucesión de provisoriatos, dictaduras y gobiernos de fuerza que en el pasado interrumpieron la vida constitucional de la República.
No enumeraré las leyes de previsión social dictadas por el Parlamento, pues sus miembros están al corriente de lo que se ha hecho en esa materia, pero ya que la oportunidad se presenta, diré que se distinguen por lo amplias y generosas, y que si de algo pueden tildarse, es por el exceso de generosidad que se revela en alguna de sus disposiciones, incitando a los empleados a retirarse del servicio, buscando en la pasividad mayores beneficios pecuniarios.
Pido disculpa a los señores legisladores por haberme detenido en esta disgresión, destinada a esbozar a grandes rasgos la situación política de la República, pasando a exponer lo más sintéticamente posible las ideas y propósitos que guiarán mi acción mientras desempeñe la Presidencia de la República, de acuerdo con las facultades que la Constitución me confiere.
La Constitución asigna al Presidente la misión de representarla en el exterior, e interior, función que hasta cierto punto es simplemente mecánica o protocolar, atribuyéndole en otro inciso el deber de velar por el orden y la tranquilidad de las mismas esferas de acción.
Estos últimos cometidos son de suma importancia, pues sin la tranquilidad y el orden exterior o interior, es imposible realizar obra de progreso y fomentar el espíritu de trabajo que debe animar a todo pueblo, que aspire a elevarse en la escala de la civilización de la cultura y de la producción.
No puede haber tranquilidad si no se cumplen estrictamente las leyes respetándose todos los derechos, especialmente los políticos que tanto apasionan a los pueblos regidos por leyes democráticas.
Es notorio mi modo de pensar sobre la forma de gobierno adoptada por la Constitución del año 1918, pero en este acto solemne, me creo obligado a declarar que ese estado de mi espíritu no me impedirá acatar los preceptos constitucionales que lo consagran, que es la actitud observada durante el desempeño de mis funciones de Consejero.
Creo que mi palabra ha adquirido en el país el ambiente adecuado para ser creída. Si mi figuración como hombre público no ha sido destacada tampoco soy desconocido, desprovisto de antecedentes y desvinculado de toda actuación. He ocupado puestos elevados en el Poder Ejecutivo, en el Poder Legislativo y en el Constituyente, sin haberme relegado a las filas de los hombres que no rinden culto a la verdad a pesar de mis largos años de vida pública.
Ese caudal de antecedentes, garantiza la efectividad de las promesas que formulé ante una Asamblea política realizada en el teatro Albéniz, de respetar la acción política de todos los partidos.
Por lo demás, debo advertir a los señores legisladores que mi profesión de fé política en esta materia, data de la fecha de mi iniciación en la vida pública, habiendo sido en todos mis actos de funcionario o ciudadano, consecuente con las ideas sustentadas desde mi juventud.
No debo olvidar al referirme al ejercicio de la libertad que sus manifestaciones deben encuadrarse dentro del orden, cuyo mantenimiento corresponde al Poder Ejecutivo Presidencial.
El ejercicio de la libertad y la defensa del orden que parecen seguir orientaciones distintas y hasta casi antagónicas, son por el contrario, dos factores esenciales en toda organización democrática, que marchan unidos, teniendo por norte el cumplimiento de la ley. Si el uso de la libertad degenera en licencia, la autoridad ejecutiva aplica los medios más adecuados para contener sus avances encarrilándolo en las prescripciones legales. Si la autoridad se excede en el ejercicio de sus atribuciones, el derecho queda lesionado y violada la ley. En uno y otro caso, la ruta que han de seguir, está trazada por la ley o por el derecho.
De lo dicho resulta que la conservación del orden que es garantía de la libertad, exige, para hacerla efectiva, el concurso de una buena organización policial, organización que todos mis antecesores han indicado como uno de los artículos más importantes de sus programas.
Y la razón que han invocado no puede ser más procedente.
Montevideo, es hoy una ciudad que se extiende considerablemente, mientras que el número de sus guardias civiles encargados de vigilar tan extensos radios, apenas si ha aumentado en cantidad apreciable, debiendo las autoridades superiores compensar la falta de agentes con elementos de movilidad.
Pero la organización policial no debe realizarse teniendo como orientación única el aumento del personal de vigilancia. Se impone para hacer buena policía y evitar desórdenes sangrientos, contar con el concurso de elementos que sepan discernir lo que han de hacer mientras lleguen sus superiores. Aún asimismo habrá que vigilar que los cargos de Subcomisarios, Inspectores y Subinspectores sean ocupados por personas que reúnan ciertas condiciones de idoneidad.
Figura en las carpetas del Cuerpo Legislativo un importante proyecto de ley remitido por el Presidente saliente, que puede servir de base a las deliberaciones legislativas, durante las cuales podrán introducirse las reformas que se consideran armónicas con la situación del erario público. Lo que es ineludible y esto lo afirmo de una manera categórica, es que las asignaciones acordadas al personal de policía no ofrecen el estímulo suficientes para que elementos preparados abracen esa carrera o los que ya están en sus filas opten por perfeccionar sus aptitudes.
Por lo demás reconozco como lo ha dicho el Presidente Serrato en uno de sus documentos de gobierno, que la obra de perfeccionamiento policial necesariamente ha de abarcar varias administraciones orientadas en el mismo sentido, a lo que agregaré que podrá adoptarse algún régimen de aumentos de sueldos, que no ofrezca los inconvenientes que siempre se apuntan cada vez que aparece una iniciativa de esta naturaleza.
Estas consideraciones no suponen la emisión de un juicio despectivo, sobre los funcionarios que integran las policías de la República. Reconozco que figuran en este personal excelentes funcionarios poseedores de condiciones apropiadas para desarrollar la acción de cultura que compete a la policía en su misión primordial de proteger la vida, la propiedad y la libertad de los habitantes de la República.
Rindiendo un acto de justicia, diré que al dejar el mando el Presidente Serrato, puede vanagloriarse de haberse preocupado empeñosamente en la mejoría del servicio policial, fijando reglas a los agentes que han sido acatadas fielmente, contribuyendo con sus procederes a elevar el buen nombre de la institución.
Es aquí en la misión de proteger la vida, la propiedad y la libertad donde se hace más visible la escasez del personal policial sobre todo en el departamento de Montevideo.
Es muy conocido el precepto de que más vale prevenir que reprimir. Pues bien las medidas de prevención en las reuniones públicas o movimientos huelguísticos sólo pueden aplicarse eficazmente con el concurso de un personal numeroso. Si bien esta medida se ha tomado , es al precio de dejar interrumpida la vigilancia en otros radios de la ciudad.
Soy de opinión y así lo he manifestado, públicamente de que las huelgas son perfectamente legítimas, siempre que el derecho de donde emane se mantenga dentro de la legalidad pero como la experiencia comprueba que los movimientos obreros contra los patrones tienden después de transcurrido cierto tiempo a desenvolverse en actitudes violentas, agregaré que en tales circunstancias el concurso de una policía numerosa puede prevenir la comisión de hechos sangrientos, que tanto enconan los ánimos generando situaciones tirantes y desordenadas.
Nuestro país necesita para progresar del concurso de los obreros, pues sin su cooperación sería imposible trabajar, pero también es indispensable la colaboración de los capitalistas, que hemos procurado atraer con la sanción de leyes protectoras que se esterilizarían en un vano llamado, si cuando llega el caso no los amparamos ofreciéndoles la seguridad de que sus bienes serán respetados.
Si llega un caso de estos, haré respetar los derechos agredidos, aplicando como lo he manifestado anteriormente todas las medidas de prevención que considere conducentes a aplacar los ánimos, para en último extremo reprimir el atentado, eludiendo, siempre que sea posible, la efusión de sangre.
Nuestra legislación sobre huelga adolece de tales deficiencias que hasta ahora se ignora quienes son los trabajadores o empleados que poseen el derecho de declararse en huelga.
Esta deficiencia de las leyes podrá dar margen, en cualquier momento a dar al gremio de empleados públicos, y lo que es más grave el de los empleados de policía se consideren asistidos del derecho de interrumpir el servicio, creando una situación caótica generadora de gravísimo perjuicio...
Declaro que si los sucesos me colocan en tan grave conflicto procederé desconociendo el ejercicio de ese derecho en los componentes de los institutos que están bajo la jurisdicción de la Presidencia y a cuyo cargo está el más vital de los servicios públicos, cuál es el del mantenimiento del orden.
Antes de terminar este género de consideraciones, quiero recordar a esta Honorable Asamblea un antecedente demostrativo de la influencia favorable que, en el ánimo de los obreros ha ejercido la sanción de las leyes de previsión social. Desde un tiempo a esta parte los movimientos huelguistas han disminuido en número, intensidad y duración, siendo una característica importante la de que se desarrollan en un ambiente más tranquilo y sosegado. En la generalidad de esas huelgas no han figurado los obreros y los empleados amparados por las leyes de jubilaciones a favor de las personas que trabajan en los servicios públicos. Como también tengo a mi cargo, de acuerdo con disposiciones pertinentes de la constitución la Jefatura de todas las fuerzas de mar y tierra de la República, deseo expresar mi intención de dedicarle una parte de mis actividades a perfeccionar, si esto es posible, el estado moral del Ejército y las condiciones técnicas que debe poseer.
Es notorio que en mi juventud abracé la carrera de las armas, permaneciendo en las filas del ejército durante más de tres años, y si bien mis servicios militares no se prolongaron como para adquirir ciertos conocimientos que hoy podría aprovechar; lo cierto es que mis recuerdos de esa época evocan en mi espíritu gratas impresiones de esa escuela de disciplina, abnegación y sacrificio.
Tengo una alta idea de la misión que desempeña el Ejército, en esta época de libertad, como guardián fiel de su ejercicio, pues, como lo he dicho anteriormente, este hermoso atributo de la personalidad humana no podría ejercerse sin el concurso de la fuerza armada que garante la conservación del orden. Es también el ejército el centinela colocado en las primeras trincheras para defender la dignidad nacional si la soberanía de la nación es ofendida o lesionada.
Consecuentemente con estas ideas que siempre he profesado, trataré por todos los medios de mejorar la organización de sus institutos colocando a la cabeza de sus unidades y demás jerarquías a los militares más aptos para la preparación de las tropas, sin perjuicio de estimular la acción de los técnicos y especialistas cuyo rol en las operaciones militares va siendo cada vez más importante.
Estoy incapacitado en este momento para fijar una orientación o programa de lo que se puede hacer, pues mi falta de conocimiento en este capítulo de la administración de un país y mi ignorancia sobre las necesidades más perentorias del ejército me impiden concretar normas, pero me figuro que la renovación aunque sea parcial del material de guerra a de ser un problema de resolución apropiada, siempre dentro de nuestros recursos y teniendo como finalidad el interés de ilustrar a nuestros jefes, oficiales y clases, sobre la evolución que se está operando en los elementos de combate.
Será también objeto de mis preferencias de gobernante el examen detenido de la influencia que ha de estar ejerciendo la ley de sueldos recientemente sancionada, sobre la mente y el espíritu de cuerpo de lo jóvenes militares que egresan de la escuela, pues me temo que en esta parte sea haya cometido algún error de apreciación, que bien pudiera redundar en perjuicio de la organización del ejército y de la conservación de su disciplina.
Estas consideraciones las hago extensivas a nuestra marina, en cuyos cuadros figuran elementos de verdadera distinción por sus relevantes condiciones.
A simple vista, la impresión que produce el examen de nuestra pequeña escuadrilla es de verdadero desconsuelo. No poseemos buques en la verdadera acepción de la palabra y apenas si se dispone de alguna embarcación de guerra que desempeña con cierto decoro y dignidad la representación del país en el exterior.
Mi alejamiento del examen de estas cuestiones y el costo de los buques no me permiten esbozar ningún propósito de organización o reorganización de nuestros elementos marítimos, pero será una de mis preocupaciones cambiar ideas y opiniones con las personas entendidas, adoptando oportunamente las resoluciones que se consideren pertinentes en armonía con la situación financiera de la República.
Por lo pronto bueno es advertir, que las sumas invertidas en cualquier adquisición no provocarán aumentos de gastos en el sostenimiento del personal nuevo, pues considero que con los elementos actualmente presupuestados se podrán llenar las apremiantes exigencia del servicio público.
Deseo precisar el móvil que me guía al emitir estas consideraciones, sobre la fuerza armada.
Nosotros podemos declarar sin el temor de ser desmentidos, que no existen síntomas en el horizonte internacional que inspiren el temor de una guerra que comprometa nuestra neutralidad.
Sin embargo, lo cierto es que poseemos un ejército con su correspondiente cuadro de jefes y oficiales que podrían prestar servicios inapreciables en caso de un guerra internacional. Algo parecido pasa con la marina. De la existencia de estos elementos se deduce el deber de la Presidencia de la República de perfeccionarlos y para el caso improbable, pero no imposible, de que los sucesos nos obligaran a defender nuestra plena personalidad o el ejercicio de nuestra soberanía.
Felizmente, y esto lo digo tranquilamente, todo hace pensar que la estabilidad de la paz en estas regiones está asegurada; y si algo desagradable se vislumbra en otras partes, la repercusión de esos sucesos no llegará hasta nosotros, perturbando nuestra gestión de país pacífico por convicción y por interés propio.
El desarrollo de mi exposición me lleva naturalmente a expresar cuáles son mis ideas en otros cometidos primordiales que competen a la Presidencia de la República: la política internacional, cuya gestión corresponde al Ministerio de Relaciones Exteriores y á los Ministros y agentes consulares acreditados en el exterior.
Concordante con lo que he manifestado, será mi propósito decidido inspirarme en los sentimientos de confraternidad americana que todos nuestros gobiernos han fomentado en todas las épocas, haciendo presente a los señores Legisladores que trataré de mantener las vinculaciones que nos ligan especialmente a nuestros vecinos a quienes debemos corresponder las consideraciones y simpatías que habitualmente nos dispensan.
Es notorio la consideración y el aprecio adquirido por nuestro país en las relaciones internacionales. Pienso refiriéndome a este tema, que es necesario fortificar ese prestigio con la práctica sincera de nuestras instituciones que garantiza la estabilidad de la paz interna y con el predominio de una política financiera sana y ordenada, que nos ponga en condiciones de cumplir todos nuestros compromisos acreditando así la seriedad de nuestros procederes.
Además aprovecharé todas las oportunidades que se ofrezcan, para prestar mi adhesión al principio del arbitraje, como medio de dirimir los conflictos que afecten a los Estado especialmente al nuestro.
Me empeñaré también siguiendo la misma orientación, en conservar y extender las relaciones cordiales que nos vinculan tanto en el orden político como económico, con los países que fuera del continente americano integran el mundo civilizado.
Animado de estos propósitos que surgen naturalmente de la aplicación de estas ideas, he de propender para que nuestros agentes en el exterior, sean sus portavoces ante los países en que están acreditados procurando extender nuestras relaciones comerciales.
Fuera de los cometidos primordiales a que me he referido en el curso de esta exposición, la Constitución de la Constitución de la República asigna al Presidente otros de carácter financiero y económico, cuya importancia es imposible desconocer.
En los casos de iniciativas de leyes sobre creación o modificación de impuestos, contratación de empréstitos circulación monetaria o fiduciaria o que se relaciones con el comercio internacional y preparación del Presupuesto General de Gastos, el Consejo Nacional requerirá la opinión del Presidente de la República. Si la Presidencia formula cualquier observación, la iniciativa observada no podrá seguir su trámite, si los dos tercios de votos de sus miembros no siguen apoyándola.
Debo declarar que, consecuentemente con mi modo de pensar y con mi actuación de Consejero, no pienso contrariar, salvo circunstancias excepcionales, la acción progresista en cuyo desarrollo está empeñado el Consejo Nacional.
Semejante proceder me colocaría en pugna con mis propios actos, que siempre han sido favorables a la construcción de carreteras, puentes, caminos, puertos, etc., por los incalculables beneficios que proporcionan a la distribución de la producción y del consumo.
En cuanto al desempeño de las funciones que constitucionalmente competen en la materia de presupuesto a la rama ejecutiva presidencial, declaro que cumpliré las leyes de gastos dictadas por el Cuerpo Legislativo, cuidando de que los egresos no sobrepasen a las cantidades presupuestadas.
Ya que la enunciación de mis propósitos me ha llevado lógicamente a pisar en el terreno financiero, expondré en breves palabras mi opinión sobre el problema de los gastos públicos, que están elevándose en todas partes a cifras no previstas por los hombres políticos que actuaron antes de la gran guerra.
Cuando en un país aumenta su producción o el valor de sus productos sigue el mismo impulso, la situación no se conmueve, a pesar del peso de los nuevos compromisos.
La difusión de sus riquezas contribuye poderosamente al aumento de los recursos del Estado.
Si por el contrario, la producción se estabiliza o sus valores desmerecen o se operan estas dos variaciones en los índices económicos, la situación está expuesta a complicarse, debido a la influencia inesperada, algunas veces, de factores internos y externos.
Que casi todos los países europeos están en crisis, no es una novedad. Gracias a la emisión fiduciaria o al uso del crédito por sumas valiosas, se ha podido mitigar sus rigores, pero nadie puede afirmar con certeza que esas situaciones consigan liquidarse sin nuevas complicaciones.
En materia de préstamos, solo Estados Unidos, acompañado excepcionalmente por empresas bancarias europeas, asume el rol de prestamista, Si las cotizaciones del dinero han mejorado, todavía sigue caro, no permitiendo realizar operaciones de convertir deudas que son tan provechosas para los estados que buscan recursos. No queda, pues, otro arbitrio, que la contratación de empréstitos si se quiere proseguir, como es natural, con la construcción de obras públicas.
Estas consideraciones persiguen el propósito de poner en evidencia la necesidad de vigilar el horizonte internacional en materia de crédito público, cuyas huellas siguen nuestros colocadores, para neutralizar o disminuir los efectos de cualquier sorpresa en nuestra economía y finanzas.
Consciente de las responsabilidades que me corresponden de acuerdo con las disposiciones constitucionales que he mencionado, haré valer en esas circunstancias las opiniones que me sugiera el examen de los sucesos si estos se desarrollan en el sentido previsto por hombres eminentes de pensamiento.
Al terminar esta enunciación de normas de conducta, me dirijo a los señores legisladores pidiendo su concurso para todas las iniciativas que tiendan a cristalizarlas.
Aunque las atribuciones del Presidente de la República han quedado muy reducidas en la última constitución, todavía conserva muy importantes cometidos cuya falta de cumplimiento redundaría en perjuicio del país.
Por mi parte, prometo encuadrar todos mis actos en la Constitución y las leyes.

Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo. |
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Juan J. AMEZAGA
1º de marzo de 1943
Señor Presidente de la Asamblea General; señores Senadores; señores Diputados:
En el día de hoy la República inicia un nuevo período de su historia constitucional. La inmensa mayoría de mis conciudadanos, animada por un franco y entusiasta optimismo aguarda con explicables esperanzas la aplicación de las nuevas reglas fundamentales del derecho público nacional. Yo comparto el optimismo y las esperanzas populares porque las ideas y sentimientos arraigados en la conciencia colectiva de la nación son la fuerza espiritual indispensable para asegurar la vida de todo régimen político. Lo esencial en la compleja armonía de los textos de la ley positiva, que en las energías morales que los inspiran, que los tutelan, que los animan, y que los protegen contra las desviaciones de aquellos que pretenden anteponer condenables aspiraciones de predominio o móviles interesados, a los principios de la conducta recta.
He colaborado activamente en la preparación de los nuevos textos constitucionales que empiezan a regirnos. Tengo confianza en ellos, como la tiene el pueblo que los aprobó con abrumadora mayoría, por considerarlos fiel expresión de las aspiraciones de justicia y segura garantía de la libertad política y de los derechos individuales. El tiempo rectificará y perfeccionará nuestra obra. El derecho se realiza por etapas, es el fruto de una lucha continua y sin descanso que en tiempos pasados prohibió a los hombres hacer mal a los semejantes, que luego los obligó a dar a cada uno lo que legítimamente le pertenecía, y que en nuestra época reclama como obligación jurídica lo que antes sólo se aconsejaba como caridad.
La guerra actual representa en la historia de la humanidad una de las etapas más crueles y sangrientas en la lucha por el derecho. Los hombres libres ofrecen vidas y patrimonios para conjurar el peligro de la más atroz e inicua de las esclavitudes. Formamos parte de la retaguardia del inmenso ejército de la humanidad que se defiende en una lucha de vida o muerte para la civilización y es natural que debemos soportar estoicamente los sacrificios que exija la defensa común. Procuremos alcanzar la paz internacional destruyendo de raíz a los que atentan contra el derecho, y no olvidemos dentro de nuestra patria que la humanidad no puede vivir en una sociedad fundada sobre la injusticia. Sólo por hipocresía o por timidez podríamos disimular las graves deficiencias jurídicas y morales que afectan la organización de las democracias contemporáneas. No se trata de despojar a nadie, ni de imponer soluciones por la violencia, porque nunca las iniquidades del despojo, ni las arbitrariedades sirvieron para fundar nada sólido. Aportemos nuestro concurso en la lucha por el derecho que nos obliga a socorrer a los hombres y a las naciones que necesiten ayuda. Hagamos obra de justicia reparadora y distributiva. Los horrores de la guerra externa no han llegado a nuestras cabezas. Nadie piensa en guerras civiles ni en reivindicaciones sociales por medio de la fuerza.
Es la hora de meditación tranquila que deben aprovechar principalmente los favorecidos por la fortuna. Si son cristianos, recuerden la sentencia condenatoria de Jesús para el egoísmo de los ricos, y si no lo son abran sus corazones y piensen en los que padecen los sufrimientos de la miseria y en los peligros materiales que se cernirán sobre aquellos que abusen de una situación política y económica de privilegio.
La injusticia que no se corrige provoca tarde o temprano reacciones incontenibles que pasan sobre los pueblos como cometas sociales, dejando estelas que, por desgracia, no son siempre luminosas. Recordemos todos que los tiempos no son favorables a los egoísmos, que los días que vivimos imponen sacrificios que aceptaremos de buen grado porque nuestros hogares están tutelados por el derecho, nuestros bienes no sufren la acción devastadora de los enemigos, nuestros árboles, nuestros rodeos, nuestras cosechas, sienten, es cierto, los rudos castigos de las leyes de la naturaleza, pero, están a cubierto de las destrucciones intencionales de los hombres. Recordemos que nuestras familias nuestras propiedades, nuestras leyes de libertad, nuestra legislación civil, nuestras creencias, nuestros ateneos, nuestras universidades, nuestros atrios electorales, nuestros templos, en una palabra, nuestras libertades, se hallan más seguras y más inviolables que nunca.
Las recientes elecciones nos han demostrado que nuestro pueblo es justo y es razonable, y que repudia todos los extremos. No perdamos la oportunidad de asegurar la paz social, la paz interna y juremos aproximarnos, sin suspicacias y sin prevenciones, para dar a todos los habitantes de la República, lo que con razón y con justicia reclaman. Los fuertes económicamente, que disfrutan del amplio amparo que les presta la organización social reconocerán que las contribuciones que se les exijan son una insignificante prima que paga la seguridad y tranquilidad que se les brinda. La inteligencia y los sentimientos humanitarios aconsejan aceptar los nuevos rumbos que traza la justicia social no como un imperativo absoluto, sino como un imperativo de persuasión que es exponente del interés bien entendido y realización práctica del ideal moral que nos obliga a considerar que el hombre dondequiera que se encuentre y sean cuales fueren las circunstancias en que se halle es siempre un fin y nunca un medio.
Con razón Clarín, prolongando la obra magistral de Ihering, dijo que el proceso jurídico se realiza en oposición con la ignorancia, con la inexperiencia, con los intereses que el derecho necesita contrariar, pues el derecho camina como el carro de la Deidad India sobre las entrañas de la víctima que es necesario sacrificar, camina sobre las injusticias de la tierra. El cincel del Legislador o del Jurisconsulto trabaja en la carne viva; todo derecho que se logra mata algo que debe morir, pero que defiende hasta el último aliento el que vive de lo injusto.
Nuestros conciudadanos fundan su optimismo en la confianza que les inspiran los hombres llamados a integrar los Poderes del Estado, en los principios de nuestra organización republicana y en la fuerza moral que anima a un pueblo que reclama leyes justas que protejan el trabajo, sin despojos y sin agravios para nadie. El contrato de trabajo no puede subsistir como contrato de adhesión en el que predomina la voluntad de una de las partes. La reglamentación del contrato colectivo, la creación de tribunales o juntas de salarios, la extensión y ampliación de los servicios de asistencia, el mejoramiento de la habitación de los obreros y el perfeccionamiento de las leyes de previsión a fin de que el hombre viva sin angustias teniendo cubierto todos los riesgos que afecten a su persona y el rendimiento de su trabajo, constituyen un vasto panorama que exigirá una estrecha cooperación del Poder Ejecutivo con el Parlamento.
Industria, trabajo y economía nacional, representan intereses asociados y solidarios. El Estado deberá organizar su política económica atendiendo a esta armonía de intereses para regular las tarifas de importación, los gravámenes internos y los regímenes cambiarios.
Con todo, hay algo que la democracia debe cuidar mucho más que los intereses materiales. Me refiero al patrimonio moral del pueblo. He puntualizado durante la propaganda electoral, previa a los comicios de noviembre, que es menester perfeccionar nuestras enseñanzas primaria, secundaria e industrial, procurando coordinarlas a fin de descubrir y estimular las preferencias vocacionales de los alumnos.
Ahora quiero referirme a la atención que deben prestar los Poderes del Estado a la conservación y a la recuperación de los valores morales que son la base sobre la cual descansa toda la organización social. La moral individual, la moral colectiva y la moral de los funcionarios no puede descuidarla ninguna nación, y menos un país como el nuestro, que explota como monopolio fiscales el juego y la fabricación y venta de alcoholes.
En un principio, se explicó el monopolio del juego como la reglamentación de un vicio inevitable e incontenible. Pero, poco a poco, lo que fue una reglamentación del mal se va convirtiendo en escuela del vicio y lo que se justificó como recurso que se substraía a la explotación que hacían personas de los bajos fondos de la sociedad, se convierte en justificación del juego. Se va olvidando, día por día que el juego es moralmente condenable, que es un mal social y no faltan quienes creen que el Jordán de la ley que suprimió las sanciones penales para el vicio, ha purificado el acto condenable y dado absolución definitiva y absoluta a los tahures. Altos funcionarios juegan con frecuencia con sus subalternos sin darse cuenta que conspiran contra la rectitud administrativa.
Es el mal ejemplo, es la piedra que al caer en la superficie tranquila del estanque deja de inmediato un círculo que da nacimiento a su vez a una segunda onda y ésta a una tercera y ésta a otras muchas sucesivamente, unas grandes que rodean las primeras y a la vez la primera se agranda y se extiende como si quisiera alcanzar a la segunda y así sucesivamente. Así se extienden también las costumbres perniciosas y las ondas sociales del mal perturban al fin la organización administrativa y la conciencia colectiva del pueblo. El alcoholismo se extiende igualmente en nuestro ambiente como verdadera plaga social destruyendo la salud del hombre, perjudicando la integridad física de los hijos, desintegrando las funciones de la inteligencia y corrompiendo la moral.
La democracia descansa sobre las virtudes de los ciudadanos que la integran y estoy seguro de que no me faltará la cooperación del Congreso, para combatir la propagación del juego y del alcoholismo y para fortalecer los principios de rectitud moral tanto en la vida individual, como en la función administrativa. La conducta privada se refleja sobre la vida de los funcionarios para prestigiarlos en su carrera ascendente o para crearles ambientes desfavorables o de desconfianza. La función pública exige dedicación, desinterés y estudio. La antigüedad por sí sola no basta para fundar promociones. Debe estar acompañada por la dedicación al trabajo , por la rectitud de procederes y por la capacidad para la función. Por esta razón la Constitución de la República ha establecido que el funcionario se debe a la función y no la función al funcionario. Los funcionarios encontrarán en el Poder Ejecutivo amplio y seguro amparo para sus derechos, pero encontrarán también, mano firme para reprimir los delitos, lo abusos, la falta de atención a sus deberes y la conducta desarreglada.
Será inflexible para mantener la moral dentro de la Administración Pública, y ninguna influencia política o de amistad evitará o atenuará la aplicación de las sanciones penales o administrativas que corresponda aplicar en los casos de delitos o faltas de servicio.
La jerarquía y la disciplina administrativa se fundan sobre la autoridad de la ley, pero se prestigian y se mantienen mediante la conducta moral de los superiores. Los frutos del mal maduran pronto, y si naciera en nuestro ambiente la planta capaz de producirlos no debe vacilarse en destruirla, sea cual sea la firmeza y profundidad de sus raíces. La conciencia de los pueblos exige a los funcionarios y a los gestores del patrimonio del Estado, no sólo la mayor honradez de procederes, sino también una conducta que refleje esa honradez en las apariencias, en los actos ostensibles, que son los únicos que pueden ser objeto de una percepción exterior, y que, por esa razón, constituyen la base fundamental del crédito, indispensable para el funcionamiento normal de los órganos administrativos.
En la nueva Constitución del Poder Ejecutivo tendrá a su cargo la dirección del progreso nacional en estrecha colaboración con la opinión pública expresada por la mayoría parlamentaria. El Presidente adjudicará los Ministerios entre ciudadanos, que, por contar con el apoyo parlamentario aseguren su permanencia en el cargo.
No tendrá, por consiguiente, la facultad que ha tenido antes que ahora de designar y destituir Ministros sin atención a las opiniones y directivas de los sectores de ambas Cámaras y los Ministros han dejado de ser simples Secretarios de Estado para convertirse en parte integrante y responsable del Poder Ejecutivo.
Aparece aquí la característica del sistema parlamentario: el Congreso no se limitará a su función legislativa, y se convertirá en órgano de contralor de la gestión de gobierno del Presidente de la República. Este contralor es una consecuencia directa de la idea democrática. La noción de contralor supone que la iniciativa corresponde al contraloreado. El contralor no es una sustitución de poderes, ni encierra una superioridad jerárquica. El contralor se ejercerá "a posteriori". El Gobierno seguirá su política propia inspirándose sólo en su conciencia y en los intereses del país. Y sólo cuando esta política se manifiesta por actos, cae bajo la vigilancia y apreciación del Parlamento. Es el Gobierno que dirige la política general -es el Gobierno el que gobierna- es el Gobierno que asume la responsabilidad en Consejo de Ministros y es el Gobierno el que debe dar cuenta de su gestión cuando así se lo reclame el Congreso. No hay que caer en el error en que incurrió el Presidente del Congreso de Ministros Briand, cuando se le acusaba de no tomar medidas contra los primeros síntomas del nuevo imperialismo en Alemania. Briand dijo: "El ejército está pronto, decid una palabra y mañana la cuenca del Ruhr será ocupada". Briand se equivocaba. No era la Cámara de Diputados la que debía tomar la decisión, pues ésta correspondía al Gobierno. Poincaré siguió los verdaderos principios. "Es necesario , dijo, que el Gobierno no abandone nada de su función de director; que él se imponga a la cabeza y no a remolque de la mayoría; en una palabra, que él reivindique el honor y la responsabilidad de gobernar". Pues bien, dentro de nuestro régimen constitucional la solución es más clara. El Presidente de la República tiene por la Constitución la responsabilidad del Gobierno. No es un Presidente irresponsable, como lo es el de la República Francesa. Es un Presidente responsable que no está dispuesto a declinar ni el honor, ni la responsabilidad de los actos del Poder Ejecutivo y que si bien comparte esta responsabilidad con los Ministros, no piensa, ni ha pensado en descargar aciertos o culpas sobre las espaldas de sus colaboradores constitucionales.
La descentralización administrativa, por departamentos y por servicios, constituye la mayor conquista realizada durante la evolución constitucional de nuestra patria.
Se ha impuesto como consecuencia del aumento progresivo de los servicios y de las resistencias que provoca el poder de absorción de la Administración Central. Si históricamente ha podido explicarse la centralización, científicamente debe ser condenada. El mal no ha sido un mal nacional. En Francia, el Poder Ejecutivo, se atribuye absoluta infalibilidad cuando organiza y desarrolla servicios, cuando los extiende, los multiplica, y en ningún momento se pregunta si ha llegado el límite de su acción eficiente, y las dificultades las resuelve perfeccionando los procedimientos o preparando una mejor organización de la jerarquía. Sin embargo, las resistencias se acumulan, los frotamientos de la máquina administrativa retardan sus movimientos, lo que ha hecho decir a Hauriou que las dificultades de la administración centralizada se aumentan en relación directa del cuadrado de las distancias. Y se sigue con este sistema centralista hasta que invencibles resistencias obligan a retornar.
Como acabo de decir, nuestro régimen constitucional admite la descentralización por regiones, que ha sido reglamentada por ley -y que deberá ser ampliada en su régimen financiero y principalmente en lo relacionado con las obras públicas- y la descentralización por servicios necesario para la buena y eficaz gestión de las actividades comerciales e industriales del Estado, pero, que a su vez esta sufriendo el mismo progreso centralista que caracterizó a la Administración Nacional.
En efecto, los servicios de los Bancos del Estado, de las Usinas Eléctricas, de la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland se aferran al centralismo con el mismo afán y la misma energía que caracterizaban bajo el régimen de la Constitución de 1830, la acción absorbente del Poder Ejecutivo.
Los entes autónomos y los servicios descentralizados deben desconcentrar a sus agentes, Digo desconcentrar en el sentido de que corresponde acordar poderes propios, con cierta amplitud a sus agentes locales ya sea directamente, ya designándoles Comisiones locales honorarias de ayuda y de contralor. Así se harán más ágiles, y más útiles los servicios de la enseñanza de la asistencia pública, de las Usinas Eléctricas, las operaciones de los Bancos, que actualmente deben esperar, aún en los casos urgentes, las decisiones de las autoridades de la Capital.
La descentralización por servicios no se opone a una descentralización de los agentes que regulan sus actividades. No se concebiría ni un Banco autónomo, ni una usina autónoma, ni un ferrocarril autónomo, ni una Ancap autónoma en cada Departamento. La descentralización administrativa por servicios supone dirección única; pero sus agentes desconcentrados pueden y deben tener los poderes suficientes para la eficaz y rápida prestación de los servicios.
Creo interpretar las aspiraciones de los Departamentos del litoral e interior de la República, declarando que consideraría justa la descentralización financiera de su Gobierno local y la desconcentración de los servicios a cargo de entes autónomos y organismos descentralizados.
La campaña desea algo más que la descentralización y deconcentración de los servicios. Pide que los Poderes Públicos presten atención a los graves problemas de orden técnico, de orden económico y de orden social que afectan la capacidad de producción de las industrias rurales. Ha llegado el momento de estudiar a fondo tales problemas que se presentan periódicamente. Hemos vivido repitiendo soluciones de emergencia, que nada previenen para el futuro y que poco o nada remedian. El Poder Ejecutivo y el Parlamento deben abordar el estudio de soluciones definitivas en defensa del patrimonio de los particulares y de la riqueza de la nación.
Las industrias rurales atraviesan momentos muy difíciles. Reclaman y merecen protección. El stock de ganado vacuno que en el año pasado había, aumentado un diez por ciento sobre las cifras de 1930, acusa en estos momentos una reducción alarmante. Hay que encontrar recursos y procedimientos para evitar un desastre económico en el próximo invierno.
Si hay que salvar los valores materiales, también hay que conjurar que el desaliento y la desesperación se apoderen de las víctimas de los caprichos de nuestro régimen de lluvias.
Con razón se ha dicho que el trabajo rural es el más sano, el más noble, el más fecundo de los trabajos del hombre, porque parece surgir de la tierra una virtud secreta que moraliza a toda persona que a ella se aproxima. Y esta verdad alcanza tanto a los propietarios que explotan sus campos como a los obreros que trabajan. Descubrimos en ellos la buena fe que llega hasta la inocencia, la rectitud que llega hasta el sacrificio, el respeto recíproco de los antiguos caballeros y la lealtad propia de los hombres de conciencia limpia.
Estas virtudes no pueden perderse. Es peligroso abusar de la bondad de los hombres nobles.
Un gran estadista de la democracia francesa después de exaltar las virtudes del poeta Virgilio, que descubrió las bellezas y ternura de la vida rural, nos dice que la tierra también sabe hablar y que cuando el hombre se inclina hacia ella para removerla y trabajarla inicia en silencio un diálogo que pueden apreciar los espíritus despiertos. " La tierra sabe decir a los que la aman lo que le agrada y lo que la hace sufrir, lo que le devuelve la vida y lo que la agota; hay en ella todo un lenguaje y toda una lógica, y hasta hay una moral porque rechaza todas las impurezas. Cuando se le trata como ella merece, se viste con los verdes ropajes de alegría y se rinde al cultivador si éste le proporciona la luz que le da vida y las frescas caricias del agua necesaria para satisfacer su sed".
Tiene razón el estadista francés. La tierra habla cuando se siente agotada y habla también cuando le falta agua. El agricultor la oye, pero no puede satisfacerla. Como los padres pobres carece de los mejores medios necesarios para devolverle el alimento que pide, y el agua que las nubes se niegan a descargar.
Hay que ofrecerles una mano protectora, que levante su moral y que haga renacer esperanzas de mejores días, y que les lleve las seguridades de que no están abandonados en las horas de desgracia.
El crédito bancario no se ha ajustado como correspondía a las necesidades de la producción rural. Ni en los plazos ni en las tasas de interés. ¡Cuántos desastres pudieron evitarse con una buena organización del crédito de 1920 cuando los productores rurales en los momentos de crisis vieron que se cerraban para ellos las puertas de las instituciones bancarias! Queda mucho que hacer en materia de organización del crédito industrial, y en esta obra tendrán que colaborar los interesados por intermedio de sus asociaciones representativas, el Gobierno y los institutos bancarios oficiales.
Las leyes y reglamentos de la enseñanza primaria, secundaria y superior se han orientado en nuestro país a partir de fines del siglo pasado en una dirección exclusivamente científica, defecto que señaló en su paso por el decanato de la Facultad de Medicina aquel hombre superior, sabio en ciencias y maestro en artes que se llamó Américo Ricaldoni. Acaban de abrirse, por decreto-ley, nuevos rumbos a la juventud creándose las cátedras de Filosofía y Letras. Queda mucho por hacer en materia de arte. La música, la pintura, la escultura, reclaman escuelas y maestros porque no hay pintura sin perspectiva, ni hay música sin ritmo, no hay escultura sin anatomía. Hace muchos años que Spencer dijo que "la ciencia no puede crear artistas. Cuando pretendemos que éstos deben conocer las leyes de los fenómenos objetivos y subjetivos no pretendemos que el conocimiento de estas leyes suplirá las percepciones naturales. Se nace artista, como se nace poeta y la instrucción no creará ni a uno ni a otro. Lo que afirmamos es que las facultades innatas no dispensan al artista de apoyarse sobre la ciencia organizada. La instrucción en mucho, pero no es todo. Sólo cuando el genio se une a la ciencia se logran los altos resultados". Un país libre no se concibe sin artistas porque el arte florece donde hay ambiente de libertad. Sin ella los artistas no aparecen, y debe cuidarse que las escuelas especiales no la opriman, ahogando la espontaneidad y la fuerza creadora de la intuición. Ruy Barbosa decía que "el objeto de la educación artística no es el de crear individualidades extraordinarias sino el de educar estéticamente la masa general de las poblaciones formando así al mismo tiempo el consumidor y el productor, determinando simultáneamente la oferta y la demanda en las industrias del gusto".
La parsimonia en los gastos públicos, el equilibrio de los presupuestos, la revisión del régimen tributario, no constituyen utopías irrealizables cuando se conciertan en acción fecunda y desinteresada las voluntades de los representantes de la soberanía de la nación. Creo no incurrir en optimismo exagerado el esperar soluciones favorables para estos problemas sin sacrificios para los funcionarios y sin reducir no aplazar las obras públicas.
Con todo debe prepararse el ambiente nacional para evitar sorpresas. La prolongación de la guerra agravará la crisis de los combustibles y del abastecimiento de materias primas y de mercaderías de primera necesidad. En la crítica situación que atraviesa la humanidad, el espíritu del pueblo tendrá que prepararse para soportar con resignación numerosos sacrificios.
En esta hora de incertidumbre no se demostraría sensatez presentando planes y programas cuya ejecución dependería de fuerzas superiores a nuestras voluntades.
Han sido aprobados planes de obras públicas con aplauso general de toda la República. Deben continuarse y completarse por lo que representan como aumento del patrimonio del Estado y por lo que significan como medio de combatir la desocupación y la miseria.
Los servicios de la policía han adquirido extraordinaria importancia. El respeto de los derechos individuales, la rectitud funcional, la tranquilidad de las poblaciones, están bien aseguradas por las autoridades policiales de un extremo a otro de la República. Con todo, el instituto policial reclama que se organicen científicamente sus dependencias y que se perfeccionen las secciones especializadas de prevención y descubrimiento de delitos.
Hace algunos años se decía que un país sin marina es un pájaro sin alas. Hoy la frase debe ser completada. El hombre ha conquistado el dominio del aire y puede afirmarse que una nación sin marina y sin aviación se asfixia. Preparamos en estos momentos magníficos puertos aéreos y pilotos competentes para dirigir las grandes máquinas modernas. Los Poderes Públicos deben seguir de cerca y con atención los desenvolvimientos de estos nuevos rumbos de la industria del transporte.
Las industrias agrícolas, las manufactureras, lo mismo que la industria de la pesca deben organizarse científicamente. Las escuelas del Estado han prestado y prestarán en el futuro positivos beneficios a las primeras. En cuanto a la última, continúa explotándose en forma muy primitiva. es de esperar que los estudios oceanográficos y el servicio oficial, no tarden en preparar la instrucción industrial que reclaman los pescadores.
Nada hay que rectificar en la política exterior de la República. La solidaridad de las naciones del continente americano es consecuencia inmediata y directa de las instituciones democráticas que las rigen.
Hemos sostenido con acierto, que todos los estados son libres, independientes e iguales en derecho, y que su independencia y soberanía no admiten restricciones ni limitaciones: hemos repudiado el uso de la fuerza, hemos condenado enérgicamente a los dictadores europeos que afrentan a la civilización con la más criminal de las guerras, hemos concertado la acción solidaria de nuestra Patria con los pueblos del continente americano, que han sido injustamente agredidos, y hemos prometido nuestra cooperación para la defensa de las libertades de América.
No faltaremos a las obligaciones que nos imponen nuestra defensa, nuestros compromisos y nuestras promesas
No contenemos ni esperamos ayuda ajena para defender lo que es nuestro, porque tal actitud sería incompatible con la tradición viril de nuestra patria y con la dignidad de estado soberano.
Antes de ahora he dicho que podemos confiar en la preparación esmerada, en el patriotismo y en la firmeza de los Jefes y Oficiales del Ejército y la Marina Nacional, que son los herederos de las glorias de los héroes de la Independencia y de nuestras pasadas guerras civiles. la confianza que merecen nuestros Jefes y Oficiales supone dos obligaciones a cargo del país: la de ofrecerles sin retaceos el material que la ciencia y el arte de la guerra exige para el desempeño de sus delicadas funciones y la de proporcionarles los soldados ciudadanos e insustituibles para la defensa militar.
Reafirmaremos nuestra solidaridad con los pueblos que han puesto al servicio de los más altos y nobles ideales de la humanidad sus hijos y sus riquezas.
No tardará en sonar la hora de la paz que será impuesta por la aplastante victoria que terminará para siempre con las guerras de agresión.
Mantendremos con la firmeza de todos los tiempos los vínculos fraternales con nuestros vecinos, la República Argentina y los Estados Unidos del Brasil.
Mis conciudadanos saben que durante toda mi vida he actuado como consecuente afiliado del Partido de la Defensa de Montevideo...
...y que llego a la Presidencia de la República por voluntad del Partido Colorado, demostrada en forma elocuente en comicios libérrimos.
En ningún momento mis convicciones partidarias han perturbado la imparcialidad y la rectitud que he debido a las funciones públicas que me fueron confiadas. No me apartaré de esta línea de conducta. La función pública excluye todos los sectarismos.
Estaré al servicio de los mandatos de la Constitución y de las leyes, que no admiten privilegios ni preferencias incompatibles con la igualdad republicana.
Señores Senadores, señores Representantes:
La Constitución nos impone una continua y leal colaboración en la lucha por el derecho que, al recordarnos las conquistas obtenidas, nos señala los nuevos derroteros que debemos seguir para lograr más justicia y mejor bienestar para los hombres. Estoy seguro de que todos concurriremos a las obras de progreso reclamadas por la República, desprovistos de rencores y de sospechaseis y animados por el amor que debemos a nuestra patria y por el deseo de cumplir con nuestra conciencia de buenos ciudadanos.

Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo. |
Tomás BERRETA
1º de marzo de 1947
En el manifiesto que como candidato a la Presidencia de la República dirigiera al país expuse mis propósitos con claridad y detenimiento; hoy enaltecido por la consagración del sufragio popular, los ratificó, afirmándome en la decisión de poner todas mis energías en conseguir su realización.
Estas circunstancias harían obvia su reiteración ante la Asamblea General, entendiendo que en la solemnidad de esta ceremonia, más que el aditamento o desarrollo del programa enunciado, lo que cabe es la exposición leal de la actitud de conciencia con que fuera concebido y con que me dispongo a cumplirlo.
La ciudadanía, en elecciones libres , que acreditan una vez más la austeridad democrática del Presidente Amézaga, al transferirme el máximo honor me ha impuesto también máximas obligaciones, a las que trataré de responder, sin apartarme y sin consentir que nadie se aparte de los deberes y derechos constitucionales.
He sido y soy un hombre de acción y de partido que no ha rehuido la lucha, sino que la contrario se ha entregado a ella con ardorosa sinceridad. Pienso seguir luchando hasta el límite de mis fuerzas, pero comprendo que debo librar mi espíritu de ofuscaciones, encarando con amplitud y ecuanimidad las severas responsabilidades que el mandato de la soberanía comporta.
Puedo asegurar que no traigo pasiones ni me mueven sensualidades sino el afán de honrar con una labor inspirado en el bien colectivo a una Democracia que, afirmando su autenticidad, me ha honrado de modo singular al elevarme desde los planos sociales más humildes a la Primera Magistratura del País.
No soy más que un hombre de trabajo que ama a su Patria y tiene fe en sus destinos. Hacerla grande es noble ambición pero es también empresa que desborda la capacidad de un gobernante y aún de una generación. Y mi mayor anhelo es el de que, al cabo de mi mandato y al reintegrarme al seno del pueblo, pueda hacerlo con la tranquilidad de haber cumplido con mi deber, y, a lo más, que los que vengan después y nos juzguen puedan decir que se trabajó con honrado empeño por el progreso común.
Nuestro país es un de los más pequeños de América, considerado en su área territorial; pero es grande por espíritu de libertad, por su afán de superación social, por su sentido de la democracia. Si por algo otros pueblos nos quieren y hasta nos admiran, es por eso precisamente. He recibido estos días, a lo largo de mi viaje, demostraciones altamente expresivas, a las que se agrega hora la prestancia singular de las misiones de cuarenta países que asisten a la transmisión de mando. Estos homenajes no están dirigidos a un hombre modesto, aunque él haya sido investido de una alta representación, sino a nuestro pueblo que, no obstante su exigüidad demográfica, tiene un indudable gravitación moral.
Conservar y acrecentar ese patrimonio es nuestra aspiración y nuestro deber. Para ello, sin cerrarnos a ninguna influencia mejoradora que venga de afuera, pero procurando extraer en lo posible de nuestra propia experiencia los materiales necesarios para la obra, tenemos que ir perfeccionando nuestros institutos sociales de modo que cada hombre pueda gozar de un nivel de vida suficiente en lo físico y en lo espiritual.
Estas conquistas, para ser efectivas y duraderas, tienen que estar basadas en una economía próspera. Hay que asegurar una cada día mayor justicia distributiva pero, si no se crean riquezas, la equidad de la distribución no será más que ilusoria. Para hacerla real superar las dificultades propias de un período universal de escasez y abrir cauces nuevos al progreso en todos los órdenes de la vida, se impone la necesidad de incrementar la producción.
Acabo de regresar de los Estados Unidos de Norte América. Además del vehemente deseo de conocer este extraordinario país, sus grandes adelantos y sus grandes hombres, un sólo móvil me condujo, el de obtener el apoyo de su gobierno para que se nos vendieran máquinas. Lo que necesitamos, expresé, seguro de contar con el consenso de la opinión de mis compatriotas, no son ayudas financieras o de otra naturaleza; lo que necesitamos son herramientas para aumentar el rendimiento del trabajo y labrar con él nuestro bienestar, contribuyendo, en la proporción de nuestras posibilidades, al esfuerzo reconstructivo del mundo.
Dentro de este orden de preocupaciones haré cuanto esté de mi parte, promoviendo y protegiendo el desarrollo de las actividades útiles, agrarias e industriales. Espero contar para ello con la colaboración del Parlamento, como éste habrá de contar con la del Poder Ejecutivo, Y espero algo más, ya que el proceso económico se desenvuelve en gran parte al margen de la acción estatal, y es que las energías del país, representadas en este aspecto por las clases laboriosas, se apliquen a esta obra con potencia y confianza renovadas.
La gestión gubernativa está condicionada por factores externo vinculados a los sucesos universales a cuyo curso no podemos sustraernos, y, por circunstancias internas, en cuyo proceso cabe una mayor intervención. A este último respecto, la bondad de la gestión no depende de la voluntad del Presidente y la aptitud de los Ministros. Dentro de nuestra estructura institucional, el Parlamento tiene una acción y responsabilidad paralelas y la eficacia de la obra de gobierno está fundada en la concurrencia armónica de propósitos y esfuerzos constructivos. En lograrla pondré mi empeño decidido, esperando reciprocidad y confiando en que, por encima de las diferencias que acusa la posición de cada sector, habrá de prevalecer el designio superior de servir los intereses nacionales.
No se me oculta que los horizontes del mundo no están totalmente despechados; que perturbaciones de orden político, social y económico lo siguen agitando, y que es imposible prever los acontecimientos que nos esperan. Si ellos son favorables, como lo deseamos fervientemente, el camino de nuestra obra será allanado; pero si fueran adversos, un deber ineludible habrá de imponerse a la conciencia de todos: el deber de hacer más estrecha y más firme la solidaridad en el resguardo de los bienes comunes.
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